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El amor es esa enfermedad incurable,
que produce estados de dulce melancolía
y de sueños despiertos.
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Espero que disfrutes.

viernes, 2 de diciembre de 2011

RELATO ENCADENADO "UN NUEVO DESPERTAR"

Agradecido a mi querida y admirada amiga Irene Comendador, que me embarcó en la aventura de escribir un relato entre varios autores, dejo aquí mi aportación (capítulo VI) esperando que os guste y es un honor para mí dejarlo en manos de "larubiadelabici" cuya novela sigo fascinado en su blog, vosotros podeis seguir la continuación de este relato pinchando en su nombre.


CAPÍTULO V

Tanto el médico como la mujer extraña me miraban como si de un bicho en pruebas se tratase, los dos a dúo observaban mi creciente verga empalmada, y mi mueca risueña y picara en la boca. Tras un largo silencio en el que yo intentaba desatarme lo suficiente una de las manos, para llegar a tocar el paquete del doctor y que así vieran que no iba de farol, se marcharon del quirófano donde estábamos.
Frustrado, así me encontraba, con la sensación de engaño recorriéndome el cuerpo ¿Sería verdad toda aquella película que me acababan de contar? Lo que estaba claro era que pruebas había, las fotos, el otro yo, mi clon, o yo su clon, o yo que sé. Ahora lo más importante era liberarme y salir de allí por patas.
Tardaron más de cinco horas, que contabilicé gracias al enorme reloj de pared de la sala, en volver a por mí, aunque esta vez era solo el médico el que hacía acto de presencia.
— Mira Chad, Tomás o como quieras llamarte, te ayudaré a salir de aquí si tú me prometes una cosa — dijo el atractivo hombre de bata casi transparente y evidente desnudez bajo ella.
— ¿Qué quiere de mí doctor? — Le contesté señalando con los ojos las correas de mis manos y pies.
— Simple, si tú me dejas acompañarte a donde vayas, te ayudaré a salir de estas instalaciones— hizo una pausa mientras miraba hacia la puerta de entrada—  sino, te dejaré aquí y me marcharé solo, pero, será mejor que luego no me engañes y me dejes tirado en cualquier sitio intentando darme esquinazo, porque tengo medios para que te encuentren en cuestión de segundos.
Pensé durante un momento a qué se debía este tipo de proposición, ¿para qué querría este hombre hecho y derecho mi ayuda para desaparecer? Era ilógica su petición, pero como estaba muy bueno y yo no tenía nada que perder…
— Está bien, vendrás conmigo, nos esconderemos en un lugar seguro que tengo y ya decidiremos después qué hacer.
Desató mis correas rápidamente, me ofreció otra de esas batas blancas tan sexys y los dos por el conducto de refrigeración llegamos a las habitaciones traseras de lo que parecían un almacén. Tras varios minutos escondido entre cajas que contenían amoniaco vino a buscarme,  y los dos montamos en su BMW negro, yo en el maletero y él, lógicamente, conduciendo.
Una vez fuera del vehiculo, comprobé que mis indicaciones habían dado resultado, estábamos en la entrada del bosque de Arbuth, donde una cabaña muy coqueta nos esperaba a una distancia de tres horas de caminata.
Le miré lujuriosamente al poco de entrar a mi antiguo y escondido nidito de amor, o “picadero”.
— Antes de arrepentirte por lo que puedas hacer o decir, deberías saber algo— dijo mientras le acorralaba contra la pared de madera entre mis brazos extendidos, rozando sutilmente nuestras batas—  Tomás, soy tu hijo.  


CAPÍTULO VI

Sentí rabia y, al tiempo que lentamente, mi erección y mis expectativas dejaban paso a la incertidumbre, mis ideas y mis recuerdos se desdibujaban, haciéndome sentir un pelele en manos de un dios aún más incierto que el del resto de la humanidad, si es que yo pertenecía a ella…
-¿Quién coño soy? -grité zarandeando por las solapas de la bata al hijo en que se había convertido el atractivo doctor, que ahora temblaba pálido ante mi inesperado arranque de ira.
No esperaba ni una sola palabra en respuesta a mi pregunta, sólo golpeaba aquella bata cada vez más fuerte contra la pared, en mi creciente y cegadora furia, hasta que la solté­  sobresaltado por una dulce risa que procedía del fondo de la cabaña y que se acercaba poco a poco, dejándome ver enseguida a la pertinaz rubia que parecía seguirme desde todos y cada uno de los rincones de mi diluido Yo.
-Esperaba una escenita familiar menos agresiva, doctores -dijo mi supuesta esposa mientras nos dejaba ver con desgana el brillo de un arma corta en su mano derecha.
-¿Cómo sabes que existe este lugar?-le dije acercándome a ella, creo que demasiado para su gusto, ya que levantó la pistola y me obligó a caer sentado en un sofá que conocía más de mí que yo mismo.
-Vaya, Chad cree que es el único que ha tenido sexo en el bosque de Arbuth, y además cree que nunca lo ha tenido con su mujercita -dijo ella acariciándome la mejilla con el cañón –el pobre no recuerda haberme traído aquí para sus perversos jueguecitos, a los que yo le seguía loca de amor aunque siempre supe que él amaba a uno de sus compañeros de profesión,  no recuerda que estuvo muerto y no sabe que mientras, yo tuve tiempo para gastar billones tratando de recuperarle, para desenamorarme, y para venir aquí a jugar con otros, con muchos otros –luego se dirigió a nuestro hijo –Así que intentabas dejarme sola ahora, cuando más te necesito –con el arma le hizo una seña y él rápidamente se sentó junto a mí mientras ella continuaba hablando –El hijo al que convertí en una eminencia, al que puse al frente del que podría ser el mejor equipo de investigación para la clonación humana del mundo, el hijo al que hice asquerosamente millonario se intenta fugar junto con el valiosísimo monstruo que él mismo ha creado a partir de su padre. El engendro que yo necesito para recuperar todo lo que perdí: mi fama, mi fortuna, mi imperio –enlazó los dedos de su mano izquierda en sus rizos rubios y tiró de ellos hacia atrás, mientras en su boca se dibujaba el delirio.
Sentía náuseas, mi estómago estaba del revés como mi cabeza, en la que datos y más datos, que parecían sacados de la más disparatada pesadilla, giraban tratando de ordenarse según algún criterio imposible. Por otro lado la situación en la que me encontraba no parecía nada fácil, al menos no se me ocurría como salir de ella.
Mientras la mujer rubia seguía hablando de lo que cada vez eran mayores disparates, yo trataba de tranquilizarme. Respiré profundamente unas cuantas veces y apreté los ojos intentando centrarme.
Me sorprendió la vibración de un móvil en el bolsillo de mi bata, mecánicamente lo cogí y cuando iba a responder, la rubia apoyó el cañón del arma en el centro de mi frente –contesta con normalidad  o lo lamentaremos todos –dijo.
-¿Dígame?-dije.
-No tengas miedo…-dijo, entrecortada, una voz femenina.




PARA CONOCER A LOS AUTORES

CAPÍTULO I    FRANTASMA
CAPÍTULO II  GARY RIVERA
CAPÍTULO III ZOWI
CAPÍTULO V   IRENE COMENDADOR
CAPÍTULO VI JULIO G. MARTÍN

7 comentarios:

Frantasma dijo...

Cada vez me está gustando la historia, la estáis haciendo más interesante de lo que en un momento pensé. Felicidades!

Ya sólo quedan cuatro capítulos para terminarla, se te olvidó nombrar a alguien que la continue jeje y cuando esa persona lo continue me gustaría (si no es mucha molestia) que me lo dijeras para poder seguirla.

Un fuerte abrazo y gracias por participar

Julio G. Martín dijo...

Gracias a tí, Frantasma, por comenzar con la idea. Perdona que no estuviese puesto el nombre de quien continuaba, pero tenía problemas para pubicar la entrada. Creo que está solucionado.
Un abrazo

Irene Comendador dijo...

Magnifica continuación, sabía que no me defraudarías, eres todo talento mi Doctor, jajaja Me has dejado con más ganas de seguir, que no veas lo interesante que se está poniendo la cosa jajaja Y por cierto, que le pases el testigo a la rubia, toda una genialidad, ella tambien le dará un giro improvisado, al final tendremos que publicar (con el consentimiento de Fantasma) el libro del relato jajaja
un beso guapo y buenas noches ;D

Julio G. Martín dijo...

Muchas gracias, Irene, por darme la oportunidad de participar y por tu ayuda siempre.
Eres un encanto. Besos

Respirando entre palabras. dijo...

La verdad que ustedes se potencian.
Que maravilla descubro cada vez que te leo.
Impresionante como relatas.
Bien por ustedes!!!
Besos

la rubia de la bici dijo...

Gracias por invitarme a participar en este proyecto y por tu apoyo a mi novela. Un abrazo.

Observatorio Gay Granatense dijo...

¡Jolines con el giro de la historia! ¡Si acabamos de regresar a la primera llamada de telefono...! Como decía NIETSZCHE, el eterno retorno, y él decía que la única pega que le encontraba a su tesis del eterno retorno sería encontrarse eternamente con su madre y hermana, a las que odiaba profundamente...