Gracias por venir.


Gracias por pasar por aquí.

El amor es esa enfermedad incurable,
que produce estados de dulce melancolía
y de sueños despiertos.
Dejo aquí mis síntomas, en forma de poemas,
escritos, dibujos, canciones...

Estás en tu casa. Ponte comod@.
Me gustan las críticas sinceras.
Espero que disfrutes.

jueves, 10 de noviembre de 2011

El sonido de dejarte ir.

Presiento que, esta vez, te vas de veras.
No sé cómo lo sé, pero es distinto.
Otras veces marchaste y no fue lindo,
y anoche disfrutamos las preausencias.

Presiento que, esta vez, partes sin miedos, 
a sitios donde no puedo seguirte, 
pues tal felicidad al despedirte
fue un, sin vernos jamás, aún nos querremos.

Tan fehaciente se hizo, en tu partida,
mantenernos ligados para siempre, 
que nunca te tendré más, en mi vida.

Adiós apasionada, apasionante,
te pierdo de lo físico, cantando
que tardé media vida en encontrarte.

8 comentarios:

Irene Comendador dijo...

Por dios que bonito, una despedida de las buenas (o malas) cuando se tarda en encontrar a la persona que es mitad de tu mitad, y aún así la pierdes sin poder poner remedio, se hace un frío hueco en el pecho (me ha quedado rimado, pero no lo había preparado eh) jajaja
Es precioso Julio, me encanta ver como desmigas sentimientos, lo haces a la perfección
Besos y mas besos mi doctor ;D

Julio G. Martín dijo...

Cuando alguien así se aleja,
es más lento curar su ausencia
que lo que tarda en regresar.
Y si nunca vuelve,
no se le olvida jamás.

Me alegra que te guste, Irene.
Un besote así de grande:

Respirando entre palabras. dijo...

Puedo imaginar hasta la melodía que dejó sus pasos.
Una melodía inconclusa tal vez con la esperanza de algún signo de repetición.
Lindo lugar.
Gracias por tu visita y palabras en mi blog.
Hasta cuando quieras ;)
Saludos y mi beso para Ire.

UniVerso dijo...

Gracias a tí siempre.
Espero llegar pronto a esos dos puntitos de repetición que tú tambien intuyes...
Un beso.

una dijo...

Yo tardé todas mis vidas
en llegar a tu abrazo sin fronteras,
para luego perderte en una huida
de ti, de mí misma, a las afueras,
a esa periferia del pavor,
de un vivir que solo es un reflejo,
de madrugadas frías sin amor
que abre y esconde el espejo.
Nos perdimos sin saberlo
entre mentiras y besos.
Llegué al fondo del dolor
y respiré para verlo.
Me calienta un sol de invierno
mientras te escribo y recuerdo.
Es curioso, al recordarte
me sonríe el mundo entero.

Julio G. Martín dijo...

Eso me pasa a mí, que al recordarte me sonríe el mundo entero. Si no fuese así, no podría leerte ahora.
Precioso el poema que me dejas. Cuántos me habré perdido en esta pequeña y dolorosa eternidad...

Hermoso que al recordarte
Me sonría el mundo entero
Más me sonreirá al amarte
Cuando nos veamos luego
Hola Tenía tanto miedo...

Mafalda dijo...

Pasado tanto tiempo, espero no interrumpir en los dos últimos comentarios...
Y ya no sé con qué quedarme, si con el poema solo o unirle ambos comentarios.
Me impresiona la despedida de un amor para siempre, la incertidumbre de si habrá un luego, la certeza de que anidará en acordes que sonarán sin remedio.
¡Transmite tantas cosas! Precioso, guardado como un tesoro, como el tesoro ansiado y tan escasas veces encontrado.

Julio Benavente Caballero dijo...

Mafalda, por supuesto no interrumpes nada.
Muchas gracias por tus visitas y tus comentarios.
Se podrían añadir esos dos comentarios al poema pero entonces habría que añadir también algún poema más.
Un beso.